Weed resistance

La introducción de cultivos tolerantes al glifosato (GT, por su sigla en inglés) ha sido uno de los cambios tecnológicos más significativos en la agricultura, junto con la mecanización y la genética de semillas híbridas. Los agricultores en todo el mundo están cosechando los beneficios de un sistema de control de malas hierbas simplificado, ahorrando costos, tiempo y mano de obra y aumentando la flexibilidad operativa. La adopción ha sido rápida, en particular en el continente americano. En los principales estados productores de soja de los EE.UU., en Brasil y en Argentina cerca del 90% de los cultivos son GT. En todo el mundo, en el año 2010, se han sembrado 148 millones de ha con cultivos GM en 29 países de los cuales cerca de 90 millones de ha tenían una característica de tolerancia al herbicida1. Tres son los cultivos que dominan esta adopción de tecnología: la soja, el algodón y el maíz.
La tecnología también ha alentado a los agricultores a simplificar aún más su agricultura reduciendo el uso de arado y adoptando prácticas de labranza de conservación como la labranza cero.

Se ha descubierto que el paraquat es un tratamiento de ‘extinción’ efectivo para la Palmera amaranto grande y resistente que a veces se denomina ‘super maleza’. Los investigadores en la Universidad de Georgia, EE.UU., han descubierto que la aplicación de paraquat mediante equipos para tratamiento de malas hierbas e implementos similares pueden eliminar en forma muy efectiva las plantas de Palmera amaranto de hasta 1.50 metros (5 pies) de altura1. Si bien el paraquat es muy efectivo en malas hierbas más pequeñas, la acción sistémica del glifosato por lo general lo convierte en una mejor opción para las malas hierbas grandes. Sin embargo, en los lugares donde hay malas hierbas resistentes al glifosato se necesita una técnica innovadora. Se ha aprobado la aplicación de paraquat con equipos para tratamiento de malas hierbas para controlar las malas hierbas en el maní o cacahuete en Florida, Georgia y en Carolina del Norte y del Sur.
Desde el año 2005, la Palmera amaranto (Amaranthus palmeri, también conocida como bledo) se ha convertido en un problema cada vez mayor para los agricultores en Georgia y en los estados vecinos2,3.

La agricultura de Malasia ha recibido un llamado de atención por la amenaza que presentan las malas hierbas resistentes a los herbicidas. El paraquat tiene una función esencial para evitar este problema potencialmente enorme. Un informe del Centro de Información del Paraquat sobre el descubrimiento de poblaciones de la mala hierba nociva pasto pata de ganso (Eleusine indica) resistente al herbicida no-selectivo glufosinato se ha confirmado actualmente en una publicación científica1.
Un productor de verduras y hortalizas del estado de Malacca y productores de un vivero de palma aceitera en el estado de Pahang habían sospechado que el glufosinato ya no controlaba el pasto pata de ganso. Las posteriores investigaciones ahora han confirmado que una población muestra una doble resistencia y la otra una óctuple resistencia.
Estos son los primeros casos de resistencia a las malas hierbas del glufosinato que se hayan registrado en el mundo luego de más de 25 años de uso. Esto recuerda a la caída del glifosato ante las primeras malas hierbas resistentes a mediados de los '90. El uso cada vez mayor de glifosato durante un período similar por último dio como resultado resistencia.

El paraquat ha sido uno de los herbicidas más ampliamente utilizados en el mundo desde 1962, sin embargo en todo ese tiempo y en todas esas hectáreas de tierra cultivada y sin cultivar, se han registrado relativamente pocos casos de malas hierbas resistentes.
La autoridad reconocida para el registro de todos los brotes de resistencia de las malas hierbas (www.weedscience.org) actualmente declara que existen 25 especies de malas hierbas con un total de 43 biotipos diferentes resistentes al paraquat en 13 países. Estas cifras incluyen la reciente observación de una población resistente de ryegrass anual (Lolium rigidum) en el sur de Australia.
El primer manchón de malas hierbas resistentes se registró recién a los 18 años de haber iniciado el uso comercial de paraquat.

Cuando se comparan las principales clases de herbicidas, el progreso de la resistencia de las malas hierbas al paraquat ha sido inusualmente lento. La tabla y el gráfico que aparecen a continuación ilustran cómo la resistencia a algunos herbicidas se ha observado muy rápidamente.

Los investigadores australianos han descubierto que la pulverización con paraquat en un sistema de ‘Tratamiento Doble’ es una forma muy efectiva de restringir la evolución de malas hierbas resistentes al glifosato. Las malas hierbas que sobreviven a la quema con glifosato se pulverizan con paraquat hasta dos semanas más tarde. El Tratamiento Doble garantiza que se utilicen dos modos de acción diferentes para combatir las malas hierbas.
El sistema de Tratamiento Doble se ha modificado con los años y se han desarrollado diferentes opciones; sin embargo, cada una conserva el principio de diversidad en el control de las malas hierbas.  Fue un sistema precursor cuando se introdujo por primera vez el paraquat como herbicida de quema en Australia. Luego de la pulverización, se labraba el suelo. En la actualidad, con el uso extensivo de glifosato y la popularidad de la labranza cero, una opción alternativa es suministrar el Tratamiento Doble con glifosato y luego paraquat.

Ya hace un tiempo que los agricultores en los EE.UU. son conscientes de la gran amenaza que presentan las malas hierbas resistentes al glifosato para sus cultivos y subsistencias. Ahora, el público cada vez está más consciente también luego de la reciente atención que prestaron los medios luego de la publicación del informe del Consejo Nacional de Investigaciones de los EE.UU.: Impacto de los cultivos genéticamente modificados sobre la sustentabilidad agrícola en los Estados Unidos1. El informe confirmó los sustanciales beneficios económicos y ambientales de los cultivos GM, pero advirtió que hay que tener cuidado para preservar el valor de la tecnología, en especial con la amenaza que presentan las malas hierbas resistentes al glifosato. Los agricultores que producen cultivos resistentes al herbicida deben asegurar que se utilice una amplia gama de prácticas agronómicas para controlar las malas hierbas y no deben confiar simplemente en el modo de acción de un herbicida.
Por desgracia, para muchos agricultores la simplicidad del control de malas hierbas basado en el uso de glifosato es difícil de resistir – si aún han de experimentar problemas.

Un herbicida a base de paraquat se ha convertido en una herramienta esencial de preparación de la tierra para los agricultores brasileros para detener la diseminación de malas hierbas resistentes al glifosato.
La adopción extensiva de variedades de soja GM tolerantes al glifosato ha llevado a que los agricultores utilicen este herbicida no selectivo para el control de las malas hierbas en forma excesiva y con demasiada frecuencia. Si bien el glifosato alienta la continua adopción de la labranza cero, con todos los beneficios para la conservación del suelo que esto trae, el uso excesivo fomenta también las malas hierbas resistentes al glifosato1. En la actualidad se estima que existen en Brasil hasta tres millones de hectáreas infestadas con cinco especies de malas hierbas que el glifosato ya no controla.
Sin embargo, se ha desarrollado un sistema integrado de control de malas hierbas para garantizar que se puedan preservar los beneficios del glifosato. Esto incluye seguir pulverizando glifosato para quema, pero luego justo antes o después de plantar el cultivo realizar una aplicación de herbicida basado en paraquat. Esta pulverización contiene un segundo ingrediente activo, el diurón.

Los productores de soja de Brasil enfrentan un dilema. La mayor cantidad de tierra con sistema de labranza cero está salvando el suelo y reduciendo el uso de energía, sin embargo, muchos agricultores que utilizan la labranza cero ahora descubren que las malas hierbas resistentes al glifosato están amenazando el éxito futuro.
En la actualidad se han adoptado los sistemas de labranza cero en aproximadamente el 70% de la tierra trabajada en el país, en particular para la soja. Brasil y los EE.UU. son los líderes en el mundo en labranza cero, sin embargo esto se ve amenazado por el aumento en el número de malas hierbas resistentes al glifosato. Un artículo reciente destacó la preocupación cada vez mayor de los agricultores estadounidenses (lea más).
Este es el primero de dos artículos que analizan el problema en Brasil – y una historia de éxito en la que actúa el herbicida basado en paraquat.
Labranza cero y cultivos GM
Se estima que la producción de soja sin cobertura del suelo en Brasil ocasiona la pérdida de 55 millones de toneladas de la capa superficial del suelo por año1.

Los investigadores de Malasia han registrado la primera especie de mala hierba que desarrolló resistencia al herbicida no-selectivo glufosinato.
Experimentos preliminares han confirmado las preocupaciones que indican que una mala hierba gramínea agresiva está desarrollando poblaciones que el glufosinato.
Los expertos en malas hierbas de la Universidad de Malasia han investigado los informes sobre los problemas de control de malas hierbas en un vivero de palma aceitera en el estado de Pahang. La mala hierba en cuestión es el pasto pata de ganso (Eleusine indica), una mala hierba importante en todo el mundo para muchos cultivos de clima cálido.
En Malasia es un problema particularmente grave en las plantaciones de palma aceitera y caucho y en las pequeñas explotaciones que cultivan frutas y verduras.
El pasto pata de ganso ya ha desarrollado resistencia a los modos de acción (MdA) de varios herbicidas en unos cuantos países en todo el mundo. Fue la segunda especie de mala hierba que se registró por hacerse resistente al glifosato, también en Malasia1. Para mantener a raya la resistencia de las malas hierbas y advertir la amenaza que presenta para la producción de alimentos, resulta vital el uso de prácticas integradas de manejo de malas hierbas.

Las técnicas de labranza de conservación rápidamente se han convertido en formas muy utilizadas de preparar los campos para el cultivo debido a sus beneficios ambientales y económicos. Los herbicidas no selectivos como el paraquat son componentes esenciales de la labranza de conservación porque los campos no se aran para enterrar las malas hierbas y la vegetación disecada, sino que la paja y el rastrojo proporcionan una cubierta protectora para el suelo.